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miércoles, 19 de noviembre de 2014

El día que no te recuerde, no será de día.

Me despido, de estas líneas sin salida,
de estos verbos desgarrados,
de tu olor a lejanía.

Me despido.
De una calle sin tu nombre,
de una llamada de emergencia,
de tu tiempo ocupado.
Y me engaño,
repitiéndome, que aún no me has abandonado.

El día que no te nombre
como una loca,
de boca en boca,
es cuando tendrás que tener miedo;
porque te convertirás en otro fragmento
de una vida, que queda inacabado,
inexplorado, acobardado,
y no te prometo que no,
pero lo más probable;
olvidado.

Sé que es lo que quieres,
pero oye, que se lo digan a tu silencio,
que no hay rimas más bellas
en estos versos,
que todo lo que me has callado.

¿Sabes? No quiero verte en sueños,
si hasta allí me recibes de espaldas.
matándome en forma de revancha,
de avalancha.

El día que no te escriba, tranquila,
que no se olvida tan fácilmente
que en mi corazón pasaste
de cuclillas, como un ladrón a mano armada.
como un niño encaprichado en una tienda,
con la inocencia sin paciencia.

A ver como pagas esta deuda,
porque  a mi ya no me queda  nada.
Dime si merece la pena empeñar mi orgullo
para comprar un poco de tu presencia.

Me despido
de mi
porque la última vez que me vi,
fue con tu ausencia.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Poema que nunca llegará a su destino

He sido para muchos una inconsciente.
Para algunos
una demente.
Para pocos
una valiente.
Para otros una cobarde.

Para ti, he sido una duda.
Un quiéreme y que no se entere nadie.
Un "puede"
y un "te necesito"
pero fuera de mi vida.

He sido ayudante,
aprovechante,
acompañante,
aspirante,
amante,
y un paso de peatones
en el que no dejas de pisarme.

He sido un presente
y ahora soy recuerdos.
Hablar contigo es esperar en la cola del olvido,
te estás quedando descosido, corazón.

Perdón por no saber porqué siento tanto amor
y que no sea hacia tu indiferencia
pero a veces
la vida ha sido una duda,
y no tuve más remedio
que aprender de ella.

sábado, 25 de octubre de 2014

Llevarte a versos por minuto





Y dime, tú por qué continuas en esta poesía
Y dime, yo, por qué sigo amarrándote a las cuerdas de las lineas que escribo.
Y pregúntame qué hago a las 2:07 de la madrugada  escuchándote.
Y déjame preguntarte, qué haces regalándome tu voz si ni siquiera tú sabes si te pertenece.
Y preguntémonos, qué nos estamos haciendo. Qué les estás haciendo a mis versos, que se están rasgando, desangrando, dejando costras con cicatriz, con sabor a ti.


¿A qué estamos jugando?

Voy a confesarte algo, que no debería, y lo peor es que no sé por qué no debería, quizás; porque no debo. Pero aún así haré una confesión como si estuviera a punta de pistola, entre la pared y tú. A casi un “hola” rozando el gatillo para apretar con un “adiós”

Las únicas balas que quedan en este juego son las palabras que nos disparamos,como si lo hiciesemos a ciegas, pero apuntando justamente donde más duele. Te llamaba cobarde por no apuntarme, por no  ponerte una venda en los ojos mientras te daba vueltas y vueltas, con los únicos impactos de nuestras risas en vez de ruidosos tiroteos a bocajarro. Llegó un día que decidimos cambiar de juego, porque la monotonía es más mortal que cualquier bala que se capaz perforarte las ideas. Y eso, lo sabes tú mejor que nadie. Ese día, cogí un globo rojo, donde guardé dentro, en forma de aire todos mis pensamientos, todos mis gritos, todos mis deseos, todos mis secretos y lo puse delante de ti, apretándolo tan fuerte de la misma forma que se me oprime el pecho cada vez que me matas y me revives cuando me miras. Desde entonces, el tiempo me pide tregua para que descanse de pensarte a tres besos por minuto. 

Desde entonces no he vuelto a coger aire, sin asegurarme antes que el viento ha jugado con tu flequillo, o ha sido el causante de producirte un escalofrío o robarte un suspiro.

martes, 2 de septiembre de 2014

Mis ganas, tus ganas




Me gusta dormir, y puede que me guste tanto porque me cuesta mucho conciliar el sueño. No soy de esas personas que con tan solo meterse entre las sábanas y cerrar un segundo los ojos se duermen. Siempre he necesitado una cama para dormir, y para ser más exactos, mi cama, mi almohada.

Me encantaba tumbarme en la cama, con la ventana abierta y la persiana a medias, dejando entrar solo un poco de luz, y el olor de la noche. Sí, el olor de la noche, un perfume indescriptible que solo podría llegar a llegar a captar su propia alma y aún así sería imposible.. de describirlo.
Me entretenía escuchando la nada, buscaba algún sonido que pudiera evadirme de las voces que emitían mis pensamientos, en vano. Por una vez, quise que hubiera algún coche al que maldecir por formar revuelo, para que mi cabeza tuviera algo con lo que entretenerse, para no pensarte Me empezaba a hacer preguntas que pensaba que nadie más se hacía; como porqué es tan fácil decir grandes mentiras, y no pequeñas verdades porqué pesaba más el orgullo que los deseos, porqué las decisiones difíciles no venían con manual de instrucciones, como los muebles..y mientras pensaba todo esto, cerraba los ojos y me dejaba envolver en el sonido de la nada y el olor de la noche. Llegaba un punto donde solo veía las frases escritas literalmente en la oscuridad de todas esas preguntas, hasta que se juntaban algunas letras con otras para formar un nombre. De ese nombre me venía una imagen, se concentraba en su cara, en la forma que la luz se reflejaba en su pelo, en esa sonrisa llena de locura y belleza, por la que serías capaz de inventar el chiste más malo del mundo con tal de verla nacer una y otra vez. 


Y a veces, dejo la puerta de mi cuarto abierta, porque es muy  fácil pensar que vienes de puntillas y muy difícil dejar de hacerlo.
Porque tú no lo sabes, pero tu risa y tus suspiros serían la banda sonora que le pondría a mi vida, sería la única composición que no me hartaría de escuchar una y otra vez. Que si te rompes a llorar yo te coso a carcajadas. Tampoco sabes que el único deporte extremo que me atrevería a practicar seria escalar desde tu cuello a tu boca, fingiendo que me caigo para tener que volver a empezar.
Hasta tenerte tan cerca, tan pegadas que se nos enreden las pestañas; se que odias que te aparte la vista, pero no es que no me atreva a aguantarte la mirada, es que no si sé si tengo suficiente aire en mis pulmones para sumergirme en tus ojos y salir antes de asfixiarme por perder la noción del tiempo mirándote, tanto que podría dilatarte las pupilas hasta que juguemos a mordernos; mis ganas, tus ganas.


jueves, 28 de agosto de 2014

Comodín

-Vamos a jugar a un juego- dijo
-¿Cuál?
-Uno en el que vas a perder
-¿Por qué estás tan segura de que voy a perder?
-Porque lo has hecho durante toda tu vida.

Estábamos frente a frente. Empezó a barajar las cartas, como si no tuviera prisa en que empezara el juego.
Cuando acabó, dio un golpe seco en el suelo con ellas y me las fue repartiendo una a una, boca a bajo. Me miro y me dijo que les diera la vuelta y escogiera una de entre la mitad de la baraja que me tocó. Quería pensar fríamente en escoger una por razonamiento, pero al final me decanté por los impulsos que me producía una en concreto. La cogí y le di la vueltamientras la miraba a ella.Tenía una sonrisa en la cara como si ya supiera lo que le iba a decir. El comodín.

Se la enseñé y solo me dijo: “ves? Y así durante toda tu vida”
No entendía nada. -Todavía ni hemos empezado a jugar, qué dices?- le dije
-No hace falta que empecemos, ya hemos terminado. No lo ves?
-Qué tengo que ver?
-Tu carta.
-Es solo una carta! Me podría haber tocado cualquier otra, no vamos a jugar?
-Lo que no entiendes es que no es solo una simple carta, y sí, podría haberte tocado cualquier otra, pero te ha tocado justo esa. Veo que no lo entiendes, no hay nada a lo que puedas jugar.

Entonces volví a mirar la carta, y entendí lo que quería decir. Yo era el comodín de mi vida, de tu vida, de todo mi alrededor. Y no es fácil para un comodín escapar de su destino, porque las demas cartas lo necesitan para poder seguir jugando. Da igual lo que corras, donde vayas, donde te escondas, te encontraran para que vuelvas a la baraja.

Solo alguna vez ese comodín podrá salir de esa baraja, y hacer su mundo con sus propias reglas, sin tener que depender de una reina de oro. Cuantas veces lo cogieron solo para arrancarlo de las demas cartas, siempre dejandolo en un rincon, o perdido debajo del sofá, porque al fin al cabo ¿para que sirve un comodin? La mayoria de veces aparece representado como un simple bufón, del que poder burlarse, al que puedes ver débil, inútil. Porque un comodín siempre tiene que esperar a que un juego requiera de él para ser usado.

Tiempo, siempre estaba condicionado por el tiempo, solo para que unas manos decidieran elegirlo a él de entre toda una baraja, unas manos que nunca llegaban ni a rozarlo siquiera. Siempre acompañado de un tic tac que le susurraba: “un poco mas,solo tienes que esperar un poco mas, ya sabes que todo pasa por algo”


Cansado, un día se romperá el mismo y expandirá uno a uno sus trocitos , camuflándose entre pequeñas piedras, flotando en el agua hasta que se hunda en las profundidades del mar y entonces, no habrá comodines a los que dejar al azar. O incluso habría que cambiar las reglas, porque tampoco puedes olvidar que irónicamente, el comodín también es necesario y le puedes dar el valor que desees; puedes hacer que sea tu horrible perdición o tu alocada suerte.

Ten cuidado con el valor que desees, porque entonces no habrá vuelta atrás





viernes, 15 de agosto de 2014

La brisa y la ola

Las idas y venidas
Los si y los no, mañana, pasado, puede o quizás. 
Querer y no poder.

La vida, las relaciones, el amor, son similares al mar y a esta pequeña embarcación.

Por ejemplo, podemos decir que las olas y el barco son como las parejas. En las discusiones, las olas chocan contra el barco, se precipitan creyendo que podrán vencerlo, que podrán pararlo, calmarlo, pero él sigue hacia delante, imparable siguiendo su rumbo, siempre creyendo que es el correcto. Los insultos, las humillaciones, ese golpe tras golpe, hacen que esa ola se vaya convirtiendo en espuma, cada vez más y más espesa, hasta que no puede aguantar más la presión del barco, y desaparece, se acaba agotando, como los corazones que no son bien tratados, que se acaban consumiendo. Como esas olas llenas de frenesí, que no quieren dejarse llevar por el viento que levanta el barco.

¿Sabeis que hace la ola cuando no puede soportar más que el barco la empuje hasta ahogarla? Tiene que encontrar una brisa, que consiga llevarla hasta donde se proponga, mostrándole ríos, mares y océanos, que jamás podía creer que existían, se deja llevar, explota la libertad que no tenía chocando con ese barco, demasiado ciega para ver que podía rodearlo y escapar, demasiado acostumbrada a golpearse contra él.

Pobre ola, ¿Verdad? Quizás no se da cuenta de que si escapara junto a la brisa, podría soprenderle de formas que jamás imaginaria. Según cuentan algunos rumores en el viento, esa brisa sería capaz de sobornar incluso a la arena del desierto, para que le dijera el secreto sobre donde están los espejismos que ocultan los lagos más bellos del mundo con tal de llevar a la pequeña ola allí. También rumorean que se encargaría de introducirse en las profundidades de la tierra, hasta encontrar una de las mejores aguas termales y curarle esos golpes que se dio contra el barco. 

A veces, la ola recordaba el dolor que le produjeron esos golpes, y sin darse cuenta, se le caían unas pequeñas gotas de tristeza. Pero la brisa nunca dejo que se desvaneciera ni una sola al mar, se apresuraba a cogerlas todas, y se las devolvía a la ola, fusionándose con ella en una de las más espectaculares demostraciones de la naturaleza; La brisa y la ola, ambas indomables, llenas de pasión y locura, de acción y razón, sueño y realidad, ambas, podían convertirse en gigante la una con la otra.

Sin darse cuenta, la brisa, se vio besando a la ola, olvidándose que solo era un poco de viento y que si solo la rozaba, podría evaporarse.

Aún así, quiso correr el riesgo, y pensó que si tuviera que morir alguna vez, la mejor forma sería desaparecer fundiéndose con ella; en esa ola llena de fuerza que por un instante le pudo dar la vida a la brisa con un beso.


        
                                           

sábado, 19 de julio de 2014

Musa

¿Dónde se consigue la inspiración cuando la buscas? No es tan fácil. No es como ir al supermercado de la esquina de enfrente a comprar sal porque justo recuerdas que no queda para la ensalada. Los condimentos son elección propia; el vinagre, el aceite, la cantidad de tomate, el color de la lechuga, la espesura de la cebolla. La inspiración no se elije, llega.  A veces, resulta que viene susurrada por el viento, mezclándose entre remolinos pequeños hasta que se convierte en un torbellino feroz, capaz de arrasar con todo; con tus pensamientos, desgarrando tu piel, besando tu alma, devorándote la propia existencia. Te malgasta por dentro y te da vida por fuera. Musas. Escondidas por el aire, se tropiezan con quien menos esperan.

Una musa.

La has imaginado, ahora mismo. Mantén esa imagen, recuérdala, búscala, píntala, escríbela. Ámala, ámala si quieres, incluso sin querer queriendo; frente a frente, de espaldas, entera, nunca a medias. Hazlo en silencio, gritándoselo, intercalando suspiros entre tristezas y alegrías. Enamórala con tus defectos, enfurécela con tus virtudes. No le digas que nada es para siempre ni que siempre es para nada.

Desde que tenía uso de razón, aún recuerdo la primera vez que el viento se atrevió a entrar por mi ventana, y como me caló los huesos hasta hacerme tiritar poniéndome los pelos de punta; intentaba constantemente darle una imagen a esa entidad invisible que me visitaba para enseñarme a hablar sin usar la voz. Imposible de olvidar tanto como recordarla exactamente, se fue reconstruyendo con todos y cada uno de los pasos que dio mi propio tiempo. Se abrazó a mi pasado, se quedó atrapada en mi presente y ni si quiera me deja pensar en el futuro.

Quizás se acabó, se cerraron las ventanas, se bajaron las persianas y no, no hay más viento aquí. Esa figura se desvaneció igual de rápido que ese sombrero que escapa de la cabeza de cualquier transeúnte marcado por las normas del aire; una brisa risueña y traviesa que se divierte haciendo perder el control, pequeña arlequina de entre todos los elementos. Te concentras para imaginarla de nuevo, chocando por las paredes de tu imaginación, dando pisadas que van coordinadas con los latidos de un corazón que no conoce el frenesí de una mirada. Ahí está. La ves corriendo con su larga melena; empiezas a correr detrás de ella como si solo te quedara un minuto de vida, y aún así lo único que deseas es gastarlo en intentar alcanzarla. Tropiezas, y observas como se gira para mirarte durante una imperceptible milésima de segundo; y ahí la ves, con esos puntitos en la cara simulando lejanas estrellas que parecen sacados del cielo, como si de una constelación se tratase.

Porque una musa debe deslumbrar como las estrellas, con un brillo tan grande que acabe cegándote, agudizando solo tu forma de querer, mordiéndote el corazón hasta que borres de tu memoria la palabra "incapaz" por "capaz".



sábado, 12 de julio de 2014

El silencio de la Luna

Hoy he vuelto. Tampoco es que me haya ido durante un largo tiempo para tener que decir “he vuelto”, pero si ha pasado el suficiente como para percatarme de mi regreso.

No sé si es normal no darte cuenta de la importancia que tiene un lugar hasta que no vuelves después de mucho tiempo; que se prolongue esa sensación inexplicable cuando te vienen todos los recuerdos de golpe, como ese balón que no sabes de donde sale pero siempre aterriza en tu cabeza.
Viajar al pasado no parece tan imposible cuando te sacuden esos flashbacks de todas y cada una de las cosas vividas en un sitio. Tan solo el rastro de tus propias pisadas en un trozo de tierra llena de piedrecitas es capaz de llevarte a muchos años atrás, o, incluso, que el sonido del silencio siga intacto tal cual lo recuerdas, como si fuera el resultado exacto de una división que ha hecho tu memoria.
Los silencios están infravalorados, aunque yo los considero más esenciales que las propias palabras.
Un silencio está repleto de misterio, de magia; y esconde más risas, lágrimas, victorias y derrotas que mil páginas de un libro escrito desde la más terrible de las nostalgias. Detalles como esos son por los que aún me atrevo a soñar, los que me hacen querer seguir viviendo hacia delante, esperando alerta ese momento que me paralice, que me deja inconsciente durante un tiempo que nunca sabría calcular con exactitud, pero si que da como solución llevarme un impacto de vivencias. A veces, creo que me gusta vivir para recordar de golpe.

Sigo diciendo que volví. Pero cuanto más lo digo más pierdo el sentido del significado de esa palabra.¿A dónde vas cuando vuelves? ¿A tu casa con los tuyos mientras te encuentras rodeado de gente se hacen llamar “primos”, “tíos segundos” y demás parientes con sonrisas forzadas que no has visto en tu vida para pelearos por un trozo de ala de pollo? ¿Vas a tu sitio favorito donde sabes que podrás cerrar los ojos y evadirte de tu fatídica realidad?
Ese sitio donde no dejas que pase nadie sin miedo.

Estuve allí y si pudiera decir que los pensamientos son ladrones, juraría que me sentí atracada. Me extraña que nadie haya llevado aún a las oficinas de objetos perdidos trozos de tiempo y recuerdos, porque es lo que más extraviamos a lo largo del día. Pero de repente, te los encuentras esperándote en los lugares más extraños, como esos que se desbordan al límite de la locura; siempre de forma inesperada, nunca lo olvides. A mi me suena a venganza, nosotros matamos el tiempo y este nos lo devuelve a golpe de recuerdo.                                             


Y llega un momento en el que te das cuenta de algo; no eres tú quién vuelve, sino ellos, los recuerdos, tan personales que ya los trato de forma personal. Ellos.
Y lo hacen para que jamás olvides que antes de mi fuiste yo. Que en tu pasado siempre puedas perdonarme taparle los ojos como una niña caprichosa al futuro.

 

jueves, 24 de abril de 2014

Quemarnos antes de jugar

Seguro que alguna vez te quedaste en esa habitación, sola, en un imposible silencio. Aunque no emites sonido alguno, tus gritos retumban en tu respiración; tu cuerpo no sabe como defenderse de mis palabras, de tí, de mí.

No sé de qué forma me recuerdas; jugué demasiado a esconderme, cuando me buscabas en la poca luz que se dejaba ver por el hueco de nuestras dudas. Tuve que convertirme en cualquier sombra que se reflejó casualmente en el suelo y bajarme de la cama para esperar a que se me pasara el vértigo que me desgarraba el estómago cuando me susurrabas al oído.

Quizá, pensemos entonces, si hubiera mantenido la calma, si hubiera sabido la altura que era capaz de soportar, podría haber seguido quitando nuestras ganas -y tu fina ropa-.
Si tú supieras, tal vez entonces, sabríamos querer en la medida justa de lo que nos merecíamos tener.

Me robaste el miedo a las alturas, como quien roba un beso sin querer queriendo.

Solo puedo añorar antes de caerme desde tan alto tus manos recorriendo mis dedos, mi cuello, mi espalda.. como si temieras que de cristal se tratasen. Lo que tú no sabes es que lo único que podía romperse entre esas cuatro paredes era tu boca a mordiscos. Tampoco sabes que por mucha ropa que pudieras tener puesta -sin tener nada-, yo te veía totalmente desnuda.

Maldito sea tu encanto animal; te deslizabas como una serpiente sobre mí, haciéndome estremecer, me devorabas como un felino que lleva una semana sin comer,  me recorrías despacio como una tortuga que se tortura en la espera, pegabas tus labios a los míos como un pez que necesita respirar en su pecera.

Nos quemamos antes de jugar, pero siempre nos gustó el fuego.

Siempre nos entreteníamos alrededor de una hoguera, a hacer candela, a que me hicieras derretirme como una castigada vela; Siempre preguntabas si quería, y me gustaba que me pidieras permiso para no pedírmelo. Todavía pican las costras de las quemaduras. Cenizas en las sábanas perduran.

Y me paralizaba al observar como nos agarrábamos la una a la otra, como si arrastrásemos una condena encantadas de estar pérdidas. Nos matamos esa noche a confusiones y nos atragantamos con las verdades.
Te relamías los dedos como si fueras a arrancártelos con el mismo anhelo que se arrancan los pétalos de una margarita.

Fuiste capaz de crear todas las catástrofes naturales existentes dentro de mí, y aún así, tú sigues siendo mi caos favorito. Ese rompecabezas que siempre se empeña en esconder una de sus piezas debajo del sofá para que no lo termine.

Creo que sabes que desde entonces escribo a oscuras para iluminar mis ideas, por eso me encierro en la noche; con la única banda sonora del eco del crujido de mis huesos , quejándose porque no estás.
Cada vez tenía más claro que esa sensación era el vértigo de tus ojos, no de las alturas.


Y ahora, te escondes en mi sombra, porque te da miedo lo que oculta la tuya.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Un sueño más

Supongo que aún ni he empezado a divagar lo suficiente para demostrar que escribo esto desde la más extraña y pesada soñolencia. Quizás si me dejara caer sobre el papel conseguiría que se vertieran sueños con más sentido que la más sincera realidad. Quizás solo porque sé que cuando estoy en esta batalla de sueño y nada a la vez, soy capaz de dejar relucir lo que pienso, solo así, mientras luchan mi cuerpo y mi cabeza a ver quién gana antes a abandonarme. El ring podría ser un bosque, un cielo bañado de constelaciones, el suelo, las paredes, tu cama, la mía; podría elegir el lugar que quisiera de entre todos los presentes y nunca sabría decidirme por uno. Y en cierto modo, así se basa parte de mi existencia; en oscilación, en ni siquiera saber donde estoy, en preguntarme cuál es mi sitio, en callar, en reír, en no saber que decir.


Me declaro creadora de una bomba realizada a base de una combinación crítica; inseguridad, miedo, cobardía, y un trocito de una parte de mi tan oculta que a veces me olvido de que existe.
Este explosivo no tiene ese tic tac que lo hace predecible, ni cables para desactivarlo, simplemente estalla; te impregna por dentro, te hace tiritar de terror cuando notas como se expande calándote cada uno de los huesos.

Aunque, a veces, puedo saber cuando va a explotar esa bomba, la siento, sé que está apunto de reventar y lo único que me reconforta es escuchar mi canción preferida, al máximo volumen, una y otra vez, sin parar; hasta que pierda sentido la propia letra, para no escuchar como explosiono por dentro, para creerme que podré adelantarme a los acontecimientos.


Llamadlo evasión si queréis, pero hoy es uno de esos días en los que tengo más miedo a aborrecer mi canción favorita que estallar por los aires.





viernes, 21 de febrero de 2014

Cataclismo

No entiendo esa necesidad que tenéis de querer vivirlo todo tan rápido. Yo quiero saborear cada segundo, cada silencio, cada pausa. Qué se me enreden las palabras en el paladar hasta saber si cada letra que roce un solo instante mi lengua es salada o dulce. Dar pisadas tan lentas que sienta que el asfalto se me pega a la suela de los zapatos. Acabar rodando desde la duna más alta de una playa y notar como cada grano se me incrusta por dentro de la ropa, causándome un cosquilleo tan inmenso que se me erice la piel. Sacarme los sueños a base de sacudidas de cabeza que provoquen cataclismos en mi cama, que estallen en mil pedazos las ventanas y cerrar los ojos tan fuerte como para que me explote el alma, que todo quede en silencio, y que se vayan pintando las paredes de vibraciones al retumbar mi habitación.

Recorrerme las calles tantas veces que pueda aprenderme de memoria los recuerdos que se dejaron abandonados en los bancos de un parque cualquiera, donde, si te detuvieras un momento y buscaras con detenimiento, podrías ver envoltorios de corazones rotos, nuevos, arreglados o abandonados y más aún, si cerraras los ojos podrías sentir, incluso oler, un rastro de ilusiones tan vivas que podrían condenarte al infierno más frío. 

Y nadie lo recuerda jamás.

No es el tiempo lo que se os da, sino el instante.



lunes, 10 de febrero de 2014

Zig zag

Ideas provenientes del caos, pensamientos explosivos, una autodestrucción inmediata cuando pienso en mis acciones, irrevocables pasos que doy a tientas y pensar que es o no lo correcto, es lo que me lleva por el barranco de la incertidumbre. Inevitable, como soñar despierta.


Y caigo, reventándome las pesadillas.

Dos caminos se divisan detrás de las cortinas de mi ventana, empañada por una triste respiración, la cual viene de un cuerpo vacío, tan vacío que casi podría servir de cueva para que el alma más libre de la ciudad pudiera recorrer sus paredes; tan vacío, que ni si quiera se escucha un triste grito que me pueda conmover para partirme el corazón en dos.

Y me vuelvo a caer.

Hasta los grillos de los parques se quedan en silencio porque tampoco tienen nada que decirme, saben que ni aunque cantaran todos a coro, dejándome casi sorda, podría dejar de pensar y evadirme de la realidad.

Solo queda esperar a que se derrumbe el camino bajo mis pies, y caer y caer y volver a caer hasta no saber en que parte aterrizar.



Duele dentro, insisto, repito pero no desisto.

martes, 4 de febrero de 2014

Entre cristales y men-tiras

A veces tengo que mentir tanto para protegerme, que ya no sé de que material está hecho mi escudo. Y así será, hasta que el escudo se vaya desvaneciendo, dejando por el camino pedazos de incertidumbre disfrazados de una pizca de verdad. Caminando por la calle podría hacer que en cada casa estallaran todos los vasos de cristal, y me contentaría con ver los trozos caer al suelo como si de un día de nieve en pleno diciembre se tratara.

Mientras tanto, me pierdo otra vez entre los ejércitos de personas que vienen y van, más cansada que nunca, esperando el gran impacto, más doloroso que cuando graniza porque sí y el hielo te golpea en la mano, desgarrándote los nudillos.

Y así me quedaré, sin ninguna defensa, con mi escudo hecho añicos, descubierta a la verdad.






Inicio de la eternidad

Hoy es uno de esos días en los que escribiría hasta dejar de sentir el pulso en la mano, diciendo todo y nada a la vez, en una espiral de términos que al fin y al cabo, nadie entendería jamás; ni a mí, ni a mis palabras